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Columna de opinión de Alan Sayago Ramírez

Hoy la educación en México enfrenta un gran reto derivado por la pandemia del Covid-19, desde que surgió la educación en el país en 1857, estuvo basada en el mismo sistema educativo; el presencial. Es por eso que el reto de educar de manera virtual se ha convertido en todo un examen complejo, nadie estaba preparado para esta situación y el sistema educativo en México tiene décadas por los suelos.

El pasado 3 de agosto las autoridades de educación mexicana admitieron que el país no contaba con las condiciones para que los alumnos regresaran a las escuelas en medio de la pandemia de coronavirus, que en ese momento dejaba más de 47 mil muertos, provocando que este 24 de agosto diera inicio el ciclo escolar de manera remota con clases en línea, donde regresaron más de 25 millones 493 mil 702 alumnos de preescolar, primaria y secundaria, y un millón 224 mil 125 docentes regresan a sus labores educativas en más de 233 mil escuelas públicas y privadas de todo el país.

El periodo 2020-2021 parece el mayor reto de las épocas recientes para las autoridades educativas, instituciones, alumnos, sociedad y familia. Pero esto está dejando muy clara la desigualdad que vivimos en el país, debido que la educación pública será la más afectada, las escuelas sin plataformas oficiales, maestros y estudiantes sin buena conexión en casa o incluso sin Internet y otros sin tener siquiera una computadora, televisión o radio.

Con el covid-19, la brecha de la educación se abre de manera dolorosa. Diversos estudios han demostrado, que las oportunidades de vida para las personas están fuertemente ligadas a la calidad de su educación; quienes tienen mejor educación, son quienes alcanzan un mayor estatus socioeconómico y sociocultural. Parece estar lejos de la realidad hoy en día el artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos donde se afirma que la educación es un derecho, establece que el Estado “impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior” Además, señala que es obligatoria, “universal, inclusiva, pública, gratuita y laica”. En ambas líneas se usa el verbo impartir para indicar los niveles educativos en que este derecho es implementado y, segundo, al establecer sus características. Una de ellas “gratuita” que no se lleva de manera cabal, así que para millones de mexicanos por el covid-19, el derecho estipulado no es un hecho debido que hoy no cuentan con las condiciones.

El modelo “Aprende en casa” deja mucho que desear debido que México cuenta con más de cinco millones de personas analfabetas (la mayoría indígenas) y con una estructura escolar deficiente: de las más de 226 mil escuelas públicas del país, solo 22,7%, un total de 51 mil 387, cuenta con conexión a Internet. Se tiene que mencionar que el país es de los últimos lugares en la OCDE en materia de aprendizaje: además del resultado de 2018 en PISA, la prueba con mayor reconocimiento en el mundo, da como ejemplo que los estudiantes de 15 años evaluados, solo el 1% tuvieron habilidades avanzadas en lectura, matemáticas y ciencias.

Los datos son duros pero relistas, según el Programa de la ONU para el Desarrollo, en México sólo 44.3% de los hogares cuentan con computadora y 56.4% tienen conexión a internet; la situación se agrava en las comunidades rurales donde la proporción disminuye hasta 20.6% y 23.4%. Nueve de cada 10 hogares del nivel socioeconómico alto cuenta con internet, en comparación con dos de cada 10 hogares de estratos económicos bajos.

Tan solo esos son los números de los equipos tecnológicos y el acceso al internet en el país, sin considerar el porcentaje de quienes no tienen los servicios básicos de luz, agua o drenaje, tampoco de los niños que pueden desayunar diariamente. Sin duda aprende en casa no contribuirá en gran cosa a ampliar los de por sí ya débiles conocimientos que poseen los estudiantes mexicanos, como lo demuestran las bajas calificaciones que obtienen en diversas pruebas nacionales e internacionales. Pero sin duda fue la mejor opción y la decisión que acaban de tomar las autoridades educativas, fueron tomadas por los datos que arrojo el INEGI del 2019, donde demuestra que en México el 92.5% cuenta con al menos un televisor, todo esto tiene sentido, dado que la señal televisiva es de mayor alcance.

El presente nos plantea un desafío al que nos debemos de sumar de todas las trincheras para garantizar la educación de todas y de todos, pero además nuestra generación debe aprovechar este momento como la mejor oportunidad para replantear los modelos educativos, aportando por plantear en agenda publica el uso de las nuevas tecnologías, con una visión para la creación de políticas públicas, hacia una sociedad digital, además, que debemos ser solidarios en estos tiempos de pandemia donde la situación educativa es crítica, si podemos apoyar con internet, aparatos electrónicos para sus clases o útiles, brindémosle una mano a la educación mexicana en estos momentos difíciles. Porque bien decía Nelson Mandela aquel gran abogado, activista, político y filántropo sudafricano que lucho contra el racismo, la desigualdad y la pobreza. “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Alan Sayago Ramírez
Activista Social, licenciado en Derecho, Maestro en política y gestión pública.
Redes Sociales: @alansayagor

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